La familia nuclear. Nacimiento, desarrollo y muerte de una institución social

Publicado: 21 febrero 2010 en Antropologia Social, Venezuela
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Por Hiram Carvallo (2009)

La familia nuclear ha venido experimentado una disminución de su importancia en el conjunto social en las naciones más afluentes del hemisferio occidental por cambios que han desdibujado su naturaleza.

Elizabeth Beck Gernsheim escribe en la Reinvención de la familia (Paidos, 2003) sobre este ocaso de la familia nuclear, institución que fue el centro indiscutido de la vida social de la  llamada civilización occidental (Europa, América del norte) y como su lugar ha sido tomado por otras formas de familia. “Lamentado” ocaso de un modelo, de una forma de vida, de un modo de relación social, de formación e integración de los sujetos con el resto de la sociedad que en realidad no fue el más duradero de la historia de Occidente. Mas allá del discurso engañoso que atribuye “tradicionalidad” a esta forma familiar, en realidad esta construcción social no tiene más de 200 años y solo tomo lugar con la demolición brusca (por el cambio de la base económica con la industrialización del s. XIX) de otras formas de filiación más estables en el tiempo. Paradójicamente hoy se ve el retorno fantasmagórico (de formas pero no esencias) de algunas de esos modelos arcaicos de familia trastocados ahora por las circunstancias socio-político-económicas del siglo XXI (como el caso de la familia extensa multigeneracional por el problema del déficit de vivienda). Así mismo este ocaso ha ocurrido más que por la trasversión del modelo que por el nacimiento de nuevas formas de familia.  Estamos ¿entonces quizás en la transición a otros modos de familia?

La familia nuclear también ha mostrado algunos de esos cambios (ej. la normalización de los divorcios) en Venezuela, país de la periferia de Occidente, especialmente en sectores socioeconómicos medios y altos y otros de fuerte religiosidad católica de la población donde tuvo mayor arraigo mas y que era (y es) el marco de referencia para la convivencia y que aun es reivindicado por los voceros más conservadores de estos grupos como la solución a los males nacionales (CEV, 2008).  Modelo que ha estado en pugna simbólica con otro mayoritario, diferente a lo basado en los disposiciones del código civil napoleónico francés sobre familia y matrimonio la “matrisocialidad” (Hurtado, 1998) que no es un derivado de la reciente marginalidad urbana como usualmente se cree sino que se remonta a varios siglos y se extiende a todos los estratos sociales. Entonces, la familia nuclear como otros aspectos del modo de vida occidental que adoptamos o tenemos como ideal a sembrar en nuestro suelo tropical, no pasa de ser un discurso sin praxis generalizada. Es otro de los muchos ejemplos de nuestra adopción irreflexiva de préstamos culturales sin aplicación concreta, que no integramos bien a nuestra identidad cultural en formación (Briceño Guerrero, 1997: 9).

En Venezuela, la matrisocialidad consiste, pues, en la familia monoparental donde la madre es el centro y líder del sistema de filiación, mientras la relación del padre con la madre y su relación con los hijos es esporádica o inexistente, es débil, él esta “ausente” en la familia. El padre solo cumple un papel erótico y reproductivo. (Hurtado, 1999).

Para Otalora y Mora (2004) también la familia matricentrada tiene otras características:

“La pareja en la familia matricentrada venezolana se caracteriza por una relación en donde existe la unión pero no el matrimonio, lo cual incluye, según Samuel Hurtado, la ruptura fácil «porque no existe el compromiso del amor fiel, único y para siempre del vínculo conyugal indisoluble” (Hurtado, 1999: 39 citado en Otalora y Mora, 2004). La pareja es una circunstancia determinada por la utilidad compartida en un tiempo: “ha de hablarse más de apareamiento que de pareja. Apareamiento de cuerpos, de necesidades, de intereses, de complementariedades múltiples, que cuando se han actualizado, pierden funcionalidad, cierran un ciclo, y dejan libres a los componentes para iniciar otro” (Moreno, 1995:15 citado en Otalora y Mora, 2004).

Aun con nuestra posición periférica en el contexto occidental, Venezuela coincide con algunas características de su modelo familiar matricentrado con lo que es, en esta primera década del siglo XXI, la realidad de muchas parejas europeas, en lo relativo a la temporalidad de la unión y su cualidad de apareamiento lúdico más que de compromiso para toda la vida (Beck-Gernsheim, 2003: 37).

Nos preguntamos ¿si esta coincidencia será realmente una anticipación casual o más bien que ambas realidades son el subproducto de una institucionalidad social que no sustenta, no impulsa y sabotea la conformación de lazos sociales profundos del tipo familia nuclear de la modernidad o extensa de antes?? ¿O el nacimiento de una nueva institucionalidad con la globalización y liberalización económica que no puede integrar dentro de sí sin contradecirse el tipo de microcomunidad fuerte que es la familia nuclear?

Historia de la familia nuclear occidental.

La familia nuclear – Padre, Madre e Hijos – (donde el padre es el proveedor, la madre y sus hijos son sujetos pasivos bajo su autoridad y protección) se encuentra históricamente vinculada a los cambios sociales introducidos por la Revolución Industrial europea (Beck-Gernsheim, 2003: 132) en el mundo del trabajo (eliminación del salario familiar y pago individual de la mano obra), a las migraciones del campo (donde la forma de subsistencia era familiar) a barrios obreros en las ciudades (donde la forma de subsistencia era individual nacida del intercambio mano de obra individual por dinero), que conllevaron nuevas formas de ocupación de los espacios urbanos de convivencia, nuevos roles y formas de vinculación entre sujetos y por ende a la reducción del número de los integrantes de la familia. Estos cambios fueron en un primer momento anticipados por las transformaciones del modo de significación de la realidad – “la cultura” (Hurtado, 2006), en especifico: la “individualización” (atribución de nuevos roles y deberes) de los sujetos según la  nueva concepción del ser humano, como individuo libre de “todas las ataduras” grupales (comunidad, Rey, Iglesia), legada por algunos intelectuales del siglo de las Luces (A. Smith, Mandeville, etc) , ergo, la difusión de la “ideología individualista” a partir del siglo XVIII luego de su concreción política con las revoluciones de 1777 y 1789 (Dumont, 1987: 104) y que se corresponde como la superestructura más adecuada (Lange, 1966: 35) al nuevo tipo de economía capitalista industrial que se inauguraba en la Europa de entonces.

El desarrollo sin cesar de las fuerzas productivas (Lange, 1966: 38) que transformo las economías mercantilistas serviles a los poderes políticos de reyezuelos absolutistas europeos en economías capitalistas industriales “liberales” pero con prácticas proteccionistas y modos anti-liberales de captación de recursos y mercados como el colonialismo y la explotación de los “colorados” del Sur, acelero el cambio cultural.

Este conjunto de circunstancias abrió espacio a un horizonte idóneo para la acción del sujeto occidental emancipado de las muletas de la comunidad tradicional (y de la familia extensa dentro de ella), pero  ahora demandado (y explotado) por la megamaquina industrial de producción y para el consumo de los productos acabados (Lasch, 1984). En este nuevo modo de vida altamente racionalizado en el que se “se vive para trabajar”, la familia extensa queda cancelada por inoperante, insostenible y conflictiva con la nueva infraestructura económica que demanda una nueva praxis social e individual.

El nuevo sistema económico del capitalismo industrial requirió una reducción numérica de los integrantes de la familia y el cumplimiento de funciones como: la reproducción, formación (hasta cierta edad) de nuevos individuos productores y consumidores de los productos producidos – valga la redundancia – por ellos o por otros (Lasch, 1984).  Este es el verdadero origen de la familia nuclear.  El sistema industrial demanda individuos independientes y con pocos vínculos reales entre sí salvo los del trabajo racional en las fabricas, empresas y de los intercambios comerciales. Las grandes agrupaciones de personas o comunidades de pertenencia serán vistas con sospecha por el nuevo orden luego del caos revolucionario jacobino post-1789 (De Benoist, 2005). Pero, ante la necesidad humana de vinculación fuerte entre sujetos, el nuevo sistema socioeconómico propone como sustitutos de la vieja familia y comunidad: la Nación, a la ideología, el culto al líder político, grandes tótems que vincularan a los individuos  por un tiempo.

Sin embargo, la familia nuclear será el único refugio genuino de socialidad que le quedara al individuo occidental ante la competencia descarnada del todos contra todos dentro del sistema socioeconómico capitalista industrial (Lasch, 1984).  Sera la última de las agrupaciones legitimas propuestas por la modernidad industrial en desaparecer.

De allí, que ahora en estas fragmentadas sociedades occidentales (Bauman, 2007) del siglo XXI post-industrial, su ocaso, su pérdida de importancia sea tan lamentada.

La muerte de la familia nuclear.

La mutación de los valores de racionalidad, ahorro y sobriedad de la economía capitalista industrial en otros de derroche, goce y consumo ilimitado del nuevo capitalismo postindustrial (Bell, 1979) genera nuevas conductas en los sujetos que consolidan el ocaso de la familia nuclear. La ética protestante (Weber, 1975), que anteriormente había sido ancla del capitalismo industrial y de la familia nuclear ya no sanciona la conducta individual en la totalidad de la vida sino que ahora solo se limita al ámbito laboral. Se rompe el engranaje entre la vida personal sobria de “mucho sudor, trabajo duro y poco lujo” y la praxis racionalista en el trabajo. Retorna paradójicamente el “desprecio aristocrático al trabajo” y sobre todo a esos valores “puritanos” (Bell, 1979).

“La vida es corta” y la familia nuclear demanda mucho esfuerzo y por tanto queda relegada de esta vida para muchos. La familia nuclear encarna muchos riesgos para el nuevo Homo Consumans (Champetier, 1994) y demasiados requisitos, fuerza contradicciones irresolubles que concluyen en la  incompatibilidad entre la búsqueda de placeres (el sexo desenfrenado, el ocio sin restricciones) y los compromisos (compra de vivienda, estabilidad marital, crianza de los hijos, etc.) de la familia. El elevado costo económico de sostener una familia (en comparación con el ingreso salarial) en estos tiempos de crisis mundiales derivadas de la liberalización de la economía, del empleo, de competencia entre sujetos de distintos géneros, nacionalidades, edades por los mismos escasos empleos bien remunerados (Beck, 1998) no permite satisfacer las necesidades superfluas sin las cuales no se alcanza el nuevo ideal, la “felicidad” individual ni se obtiene el reconocimiento social (Bruckner, 2001).  Como colofón, la incorporación masiva de las mujeres al mercado de trabajo, produce una nueva distribución del tiempo, poder y trabajo al interior de la familia, que diluye el papel preponderante del hombre dentro de la familia, emancipa a la mujer de su dominio y dinamita la base de la estructura de la familia nuclear (Otalora y Mora, 2004).

Los resultados prácticos son la baja tasa de natalidad – 1,36 hijos por cada mujer -  que pone en peligro la reproducción demográfica del sistema social (Rebossio, 2006),  la división del conjunto social entre solteros eternos sin ninguna vinculación fuerte con nadie y los pocos que se atreven a formar familias con el viejo modelo en la mira.

¿Nuevas familias?

Las nuevas familias que se constituyen en esta nueva circunstancia tienen características muy disimiles a las atribuidas a la familia nuclear, son ahora “contratos” poco estables, solubles como los empleos por contrato temporal en las empresas, ya no se construyen en base al “vivirán juntos hasta que la muerte los separe” sino en el reconocimiento de que más pronto que tarde pueden concluir, y los individuos se cubren las espaldas con toda una serie de estrategias psicosociales y legales que les permitan salir lo mas ilesos posibles de una ruptura marital. Son distintos en número de integrantes (de los cónyuges y de los hijos), en la forma como engendran (tecnologías de reproducción, planificación) y/o crían a los hijos  (ayuda de una funcionarios, educadores y personal domestico. (Lasch, 1987), en los roles y la relación de cada miembro de la familia entre sí,  en la ocupación del espacio de la vivienda, en la relación con los otros parientes, etc.

Beck-Gernsheim (2003) describe las nuevas características de la familia en este periodo de transición:

-El carácter temporal e informal de la relación de pareja:

“La tendencia actual es a hablar del «compañero» o «compañera» que comparte la vida de uno y hasta —con un quiebro irónico— del compañero de un determinado «tramo de la vida».(Beck-Gernsheim, 2003: 13)

-Normalización de la separación:

“Si consideramos la evolución histórica de la cuestión desde el siglo XIX es fácil ver que, tanto en Alemania como en otros países occidentales, ha tenido lugar un cambio masivo de los fundamentos institucionales de la relación matrimonial. Si todavía en el siglo XIX había una serie de regulaciones normativas —por influencia, es­pecialmente, de las iglesias y de supuestos jurídicos enca­minados al mantenimiento, al menos de cara al exterior, del matrimonio, y que operaban como un armazón, e in­cluso, quizá, como una camisa de tuerza—, cualquiera puede observar que en el transcurso del siglo XX tales su­puestos fueron desapareciendo poco a poco; formulán­dolo de otro modo: se fueron eliminando paulatinamen­te, hasta llegar a la situación actual, un conjunto de tabúes y barreras que en otros tiempos al menos dificultaban una separación y a menudo la hacían del todo inviable.“(Beck-Gernsheim, 2003: 50)

-Nuevos tipos de familias y de parejas:

“vinculaciones de otro tipo, por ejem­plo: sin certificado matrimonial o sin hijos, familias monoparentales, una segunda familia, parejas del mismo sexo, relaciones de fin de semana o con compañeros para un tramo de la vida, vidas compartidas con varios hogares o con la residencia en diferentes ciudades” (Beck-Gernsheim, 2003: 28)

La familia de padres divorciados: “allí donde tiene lugar un divorcio las situaciones vitales de los hombres y las mujeres – de los padres y los hijos – toman un rumbo distinto. (….) alguno deja la casa (casi siempre el hombre) y se muda a otra… para comenzar de nuevo. Atrás quedan las mujeres y los hijos, pero, a consecuencia de la nueva situación, también ellos se muden a una vivienda más barata (…) eso significa un cambio de ambiente, de escuela, de vecinos. Son realmente nuevas las condiciones de índole económica. Tras el divorcio se impone una nueva organización de la vida cotidiana”. (Beck-Gernsheim, 2003: 65-66).

Matrimonios sucesivos entre divorciados: “muchos de los divorciados se casan de nuevo o bien comparten su vida sentimental con otra persona sin el certificado del registro, dándose la cir­cunstancia de que el nuevo compañero o compañera sentimental había estado también casado, y acaso hasta traiga consigo a sus propios hijos. En consecuencia, cada vez son más los hijos que tienen un nuevo padre o una nueva madre no biológicos.” (Beck-Gernsheim, 2003: 69)

Familias multiculturales: “En las últimas décadas se ha podido observar repe­tidamente que, a consecuencia de guerras, revoluciones políticas y tendencias de la economía a escala interna­cional, han ido surgiendo algunos modelos típicos de matrimonios binacionales. (..)La apertura de un «mercado de matri­monios» internacional” (Beck-Gernsheim, 2003: 240)

Nuevos roles para las mujeres, derivados de:

“cada vez son menos las que pueden esperar que el hombre las mantenga, cada vez hay más que son remitidas —si bien, con frecuencia, de una forma con­tradictoria— a su propia independencia y capacidad de autoabastecimiento.” (Beck-Gernsheim, 2003: 139)

“se ha llegado a una situación en la que cada vez más mujeres no sólo quie­ren tener una actividad profesional, sino que se ven obligadas a tenerla por razones económicas” (Beck-Gernsheim, 2003: 153)

Lo que ha llevado al abandono de tareas anteriormente femeninas:

“la actividad laboral empeora cualitativamente, en opinión tanto de las propias mujeres como de su entorno, el papel de madre de la mujer” (Beck-Gernsheim, 2003: 128)

“como demuestran las esta­dísticas demográficas, la realización de este deseo (de tener hijos) cada vez se aplaza más. Es frecuente que su alcance quede también reducido: mujeres que querían dos o tres hijos tienen, al final, sólo uno.” (Beck-Gernsheim, 2003: 141)

“cada vez hay más hijos únicos” (Beck-Gernsheim, 2003: 169)

Y ahora los hombres han modificado su rol:

“los hombres de la generación mas joven se comprometen mucho más que sus padres y sus abuelos en la educación de los hijos.” (Beck-Gernsheim, 2003: 129)

-Planificación de la relación:

“Y cuanto más salta a la vista el riesgo de fracaso y separación de la pareja, con tanta mayor frecuencia pue­de observarse cómo van surgiendo, para hacer trente a ello, una serie de estrategias de prevención, Hay por ejemplo, ofertas de una premarital therapy de una pre-marital check-list o incluso de una «terapia de comuni­cación prematrimonial», todas ellas con el propósito de encontrar el foco de las crisis y los conflictos potenciales antes de que comience el matrimonio. “(Beck-Gernsheim, 2003: 96)

“Quieren cerciorarse así de si el futuro cónyuge es, realmente, el adecuado para esa función. Cada vez son más las parejas que antes de casarse suscriben un contrato matrimonial donde las regulaciones afectan a puntos que pueden ser, en cada caso, dife­rentes (desde las disposiciones en torno al uso del dine­ro y el patrimonio hasta el estilo de vida y el número de hijos) “(Beck-Gernsheim, 2003: 97)

(…) “Tales formas de «previsión de la separación» no surgen por casualidad”

“Cuando todo se vuelve inseguro, cuando las antiguas tradicio­nes y normas cada vez pueden aspirar a menor validez, entonces uno quiere, al menos en lo que dependa de su propia gestión —es decir, en el comportamiento priva­do de dos personas—, crear alguna forma de obligato­riedad, seguridad, fiabilidad; en una palabra, hacer del futuro algo calculable.” (Beck-Gernsheim, 2003: 97)

-Planificación de la reproducción y nuevas tecnologías reproductivas:

“Con el paso de los tiempos modernos, la paternidad se convierte, cada vez más, en objeto de planificaciones y decisiones privadas, así como de cuidados y asistencia pública (Beck-Gernsheim, 2003: 165)

“La paternidad en los tiempos modernos es igual a cumplir el mandamiento de fomentar lo optimo” (Beck-Gernsheim, 2003: 166)

“Con estos progresos médicos (del diagnóstico prenatal] se despiertan y profundizan otras ansias. La creciente aspiración a tener un hijo sano puede ir, al final tan lejos que podría generarse una especie de obligación de tener un hijo sin ninguna tara (Beck-Gernsheim, 2003: 164)

“el niño se convierte, más bien, en una especie de meta de una serie polifacética de esfuerzos. En lo posible, todos sus defectos deben ser corregidos (nada de bizqueo, nada de tartamudez, fuera la enuresis), todas sus facultades de­ben ser fomentadas lo más posible” (Beck-Gernsheim, 2003: 169)

Nos encontramos entonces en un “tiempo líquido” (Bauman, 2007), en el que las estructuras sociales  como la familia ya no son tan estables, tan reiterativas en el tiempo como para solidificarse y por tanto no sirve de marcos de referencia para los actos sociales. La familia ahora es un bien de consumo temporal para el individuo quien es en este nuevo siglo la “verdadera” celula de la sociedad posmoderna.

Bibliografía:

Bauman, Zygmunt (2007) Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets

Beck-Gernsheim, Elisabeth (2003) La Reinvención de la familia. En búsqueda de nuevas formas de convivencia. Buenos Aires: Paidos.

Beck, Ulrich (1998) La sociedad del riesgo. En camino hacia otra sociedad moderna. Barcelona (España): Paidos

Bell, Daniel (1977) Las contradicciones culturales del capitalismo. Madrid: Alianza Editorial: “La ética protestante y el temperamento puritano fueron códigos que exaltaban el trabajo, la sobriedad, la frugalidad, el freno sexual y una actitud prohibitiva hacia la vida. Ellos definían la naturaleza de la conducta moral y de la respetabilidad social.”

Briceño Guerrero, Jose M. (1997) El laberinto de los tres minotauros. Caracas: Monteavila editores. Briceño Guerrero concibe la identidad cultural venezolana como un todo caótico donde se confrontan discursos y realizaciones culturales tomadas de la Europa moderna con practicas más cercanas a las de la Europa tardomedieval y a de las culturas indígenas y afrodescendientes. Venezuela es apariencia “moderna” pero en la practica antimoderna.

Bruckner, Pascal (2001)  La euforia perpetúa. Sobre el deber de ser feliz. Barcelona (España): Tusquets.

Conferencia Episcopal venezolana (2009)  Valores e ideales de la Familia. Disponible en internet:   http://www.cev.org.ve/familia/vidal.doc (visitado el 24-3-2009)

Champetier, Charles (1994)  Homo Consumans. Archéologie du don et de la dépense. París: Le Labyrinthe.

De Benoist, Alain (2005)  Como se ha roto el lazo social.  Disponible en internet: http://www.alaindebenoist.com/pdf/como_se_ha_roto_el_lazo_social.pdf (visitado el 24-3-2009)

Dumont, Louis (1987)  Ensayos sobre el individualismo. Una perspectiva antropológica sobre la ideología moderna.  Barcelona (España): Alianza Editorial.

Hurtado, Samuel (2006)  Etnología para divagantes. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca-Ediciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. “El modo de producción de significados o interpretación de la realidad es la cultura y el engranaje que da soporte a la institucionalidad social de una comunidad”.

______________(1998) Matrisocialidad. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca-Ediciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

______________(1999) La sociedad tomada por la familia: estudios en cultura matrisocial venezolana. Caracas: Ediciones UCV.

Lange, Oscar (1966)  Economía política. México: Fondo de Cultura Económica.

Lasch, Christopher (1984) Refugio en un mundo despiadado: la familia: santuario o institución asediada? Barcelona, España: Gedisa

Moreno, Alejandro (1995)  La familia popular venezolana. Caracas: Centro de Investigaciones Populares-Centro Gumilla.

Otalora, Cristina y Mora, Leonor (2004) La familia popular venezolana: el significado de la infidelidad en el contexto de la pobreza. En Cuadernos del Cendes: 21, 55.  Caracas (Abril 2004).

Rebossio, Alejandro (2006) Alarma en Alemania por la baja natalidad. En La Nacion (Argentina): 16 -3- 2006. Disponible en internet:  http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=789169  (visitado el 24-3-2009)

Weber, Max (1975)  La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Barcelona (España): Península.

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