Una discusión sobre la “racionalidad”  del sistema económico que autoconstruye como modo de conocimiento sobre los Otros sistemas económicos.

Hiram Carvallo

Octubre de 2010

“No hay tal cosa como la Racionalidad Económica”

(Caillé[1], 1986: 246)

Nunca sabemos qué tipo de procesos están presentes en la mente de las personas en momentos particulares; en conse­cuencia, todo lo que podemos alcanzar a entender es la mani­festación general de un proceso, pero no sus características particulares en un momento determinado.(…) El comportamien­to racional no es una premisa de la teoría económica, aun cuando normalmente se presenta como tal. El punto esencial que debe entenderse es que la competencia fuerza a la gente a actuar racionalmente si está dispuesta a mantener su posición o si aspira a mejorarla”.

(Hayek en Pizarro, 1980: 46. Subrayado nuestro)

La cita que recogemos puede resultar paradójica proviniendo de Friedrich Von Hayek[2], uno de los más destacados proponentes de la teoría económica liberal. Paradójica en su reconocimiento de la debilidad epistemológica de una teoría que hace de un constructo  –  con finalidades instrumentales de una ciencia en desarrollo[3] – como es la “elección racional”, el mecanismo activador de la acción social y al mismo tiempo ilustrativa porque recoge en un solo párrafo las proposiciones, auténticos lugares comunes del modo en el  que el sistema económico capitalista conceptualiza la lógica profunda que lo articula. “Racionalidad económica” es el nombre que se le da a esta lógica articulatoria no tan aparente de las relaciones sociales visibles de un sistema económico (Godelier, 1976: 294). La racionalidad económica como toda racionalidad es una reflexión sobre la vinculación entre medios y fines, o de la manera (praxeología) en que deben, dadas ciertas condiciones, realizarse unos fines a través de unos medios dados.

En este breve ensayo nos referiremos a una racionalidad económica que ha autoconstruido como modo de conocimiento sobre los dominios del sistema social distintos al sistema económico pero también sobre los sistemas económicos existentes en Otras sociedades. Dicha racionalidad  es la del sistema económico moderno capitalista de Occidente.

La racionalidad económica pertenece al tipo de construcciones teóricas deductivas, es decir aquellas constituidas de proposiciones lógicas que son consideradas verdaderas a priori enlazadas unas a otras en relaciones de causalidad, dando como resultado una teoría que reposa en un funcionalismo teleológico (Mahner y Bunge, 2001). ¿Qué significa eso? Que describe un sistema económico constituido por elementos con funciones específicas (un rol particular que cohesiona al sistema y les hace dependientes a otras funciones), donde unos tienen una intencionalidad (ej. La elección racional), que les hace tomar un liderazgo sobre los otros y dirigir al sistema hacia un objetivo o conjunto de objetivos (de allí el adjetivo de “teleológico”). Es decir, hay funciones que dominan el sistema económico, este caso, la elección racional, que por ello dan dirección o sentido a todo el sistema. Y esta función adquiere esta naturaleza por decidir el modo de las relaciones de producción, distribución y circulación, organizadas por su lógica, la de la costo/beneficio.

Esta racionalidad económica opera en dos niveles, en el primero prescribe las características del sistema económico y en el segundo, define el tipo de agencia que toman los sujetos económicos involucrados en este sistema (Huguet, 2001). 

El sistema económico capitalista moderno maniobrado por la lógica de esta racionalidad (entiéndase racionalidad como una praxeologia determinada) se autodefine como un proceso racional de asignación de recursos a necesidades, condicionado en un espacio caracterizado por una contradicción entre las necesidades crecientes y alternativas (fines) de los sujetos que lo conforman y de los pocos recursos (medios) para satisfacerlas, o dicho de otra manera siguiendo a Malthus ([1798] 1966: 24) “la tendencia constante de toda vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los recursos disponibles para su subsistencia.” El sistema económico estará signado entonces por la escases, ese estado de discrepancia entre los deseos y lo medios para realizarlos, concepto que en un primer momento se construyo como herramienta analítica para un contexto circunstancial que vivió la Inglaterra de la revolución Industrial y que adquirió más tarde un carácter ahistórico y transcultural aplicado al análisis de realidades societarias muy distintas, dando lugar a equívocos en la investigación (anacronismo y etnocentrismo). Se pensó que las otras sociedades operaban con una consciencia cuantitativa que les llevaría a notar discrepancias en la cantidad de recursos y no solo eso sino a lamentarse por ello (“consciencia de la escaces”) conduciendo finalmente a cierto tipo de agencia la acción de los sujetos.

Es decir, a una articulación entre sujetos racionales y sistema económico, la  aplicación de la “elección o comportamiento racional” que se realiza de esta manera: los agentes económicos actúan frente a una escases inherente al sistema, jerarquizando las necesidades de acuerdo a criterios como la intensidad, duración y sensación de placer derivado de su satisfacción, y a los recursos según la utilidad[4], el grado de la capacidad de estos de satisfacer estas necesidades. Luego, someten a examen racional – un análisis entre costos y beneficios – los diferentes usos que se le pueden dar a los recursos para satisfacer esas necesidades, escogiendo la praxis que resulte en el menor costo (trabajo/dolor para adquirirla) y la mayor satisfacción de las necesidades (ya jerarquizadas por intensidad o urgencia). Aplicando el criterio utilitarista de Bentham de la búsqueda de “los placeres y evitación [de] los dolores” y la práctica de la consecución del placer con el menor dolor.

Mucho del equívoco o reducción al absurdo de una hipótesis como la que hemos citado al principio de que el comportamiento racional aflora en un contexto económico signado por la escases de recursos que lleva a competencia entre individuos por ellos, proviene del seno de una construcción teórica deductiva que, en primer lugar, no trata sobre realidades (“verdades empíricas”), sino sobre proposiciones a las que se atribuye una verdad a priori; y que en segundo lugar, de las conexiones entre sus proposiciones no cumplen con los criterios lógicos de verdad y por ello no tienen el suficiente carácter proyectivo para definir las dimensiones y funcionamiento de una realidad (Hammond, 1997: 37). Y finalmente de una falacia – propia de la teoría de la elección racional – que hace ver a todas las acciones humanas impulsadas por objetivos instrumentales. Como si los individuos pasaran todo el tiempo de vida comparando los costos y beneficios cada acción que pretenden realizar en la vida y definiendo entonces cuál de estas le permiten ser más eficaces en el logro de objetivos que siempre son personales (es decir, calculando y actuando según la utilidad de la acción) (Zafirovski, 2003).. Como si en todas las sociedades opera una versión utilitarista del cogito ergo sum, el sujeto cognoscente de la modernidad.

¿Qué la escasez entonces conduce a la racionalidad en la economía? Si y solo si, si primero una sociedad sufre un cambio en el orden paradigmático que lleve a la construcción de una lógica de vida basada en una racionalidad económica, que reposa en la cuantificación y la medición, al uso de esta cuantificación en la perspectiva sobre los recursos y la definición de una justificación de esta cuantificación para la toma de decisiones en la vida cotidiana.

Es decir, una sociedad como la europea occidental que a partir de la herencia de la aritmética griega y la adopción a partir del siglo XIII, de la matemática arábiga, la doble partida contable[5] y el sistema métrico,  inició y desarrolló un acelerado camino hacia la cuantificación de la vida, cuando por las necesidades del emergente comercio mundial empezo a utilizar estos métodos,  resultando en el nacimiento y apogeo de una racionalidad económica bastante particular.

Por ello en sociedades carentes de tal instrumentación técnica y de constructos conceptuales que otorguen una carga valorativa a esta práctica cuantificable, una percepción de la  discrepancia entre recursos y necesidades, es decir de “escasez”, no conduce a una racionalidad económica, al menos no como se concibe en la modernidad occidental. No hay una causación universal entre una y otra cosa. El registro etnográfico está lleno de sociedades que, por ejemplo, naturalizan el hambre y justifican desde construcciones simbólicas en la cultura, donde no acceder a recursos no conduce a soluciones “racionales” (es decir, en torno a un cálculo costo/beneficio), de sociedades que hasta carecen de una representación dicha situación como “problemática” dada la ausencia de una intencionalidad de reflexionar sobre las propias condiciones de vida. Sociedades que por condiciones de facilidad al acceso a recursos materiales, por simplificación o adecuación de sus necesidades con los recursos del medio o por la ausencia de la representación que haga de la ausencia de recursos un “escasez” y le atribuya una carga valorativa negativa, devienen por contraste, entonces, en “sociedades de la abundancia” (Sahlins, 1977: 27) exentas del peso que en la existencia social occidental deja la consciencia de la escases, de la constricción de la vida por unas necesidades acumulativas insatisfechas. En las que, más bien, con menos dolor (“trabajo”) consiguen mas placer (“abundantes recursos para cumplir con necesidades”). En estas sociedades, inclusive la racionalidad económica puede tener otro contenido, otra lógica profunda que es la que imprime la cultura, sociedades que en la percepción de una situación de escasez, activan otra forma de agencia en los sujetos constituida por los principios de reciprocidad y redistribución de los recursos, en vez de la competencia por aquellos (Polanyi, 1989: 102) O también ejemplos “contradictorios” para nuestra lógica, de sociedades como los Kwakiutl del noroeste de Canadá en las que la abundancia material activa la competencia entre individuos, competencia que para mayor vergüenza de los absolutistas de la racionalidad económica capitalista, es ritualizada en un evento especifico, el potlatch.

Entonces 1.) Existen varias racionalidades económicas, cada sistema económico tiene su lógica profunda que se diferencia al de cualquier otro, esta racionalidad es definida principalmente por la cultura y su interacción con la dinámica sociohistorica de una sociedad dada. 2.) Que en vista del carácter socialmente construido de cada racionalidad económica, es una falacia la afirmación de una espontaneidad o naturalidad del surgimiento de una agencia articulada de acuerdo a la lógica del costo-beneficio en un contexto de discrepancia cuantitativa entre necesidades y recursos.  No siempre se actua economicamente en base a la sensación de escasez.

Notas:

[1] Del Francés “La rationalité économique n`existe pas”  en Caillé, Alain (1986) Splendeurs et misères des sciences sociales: esquisses d’une mythologie” Paris: Librarie DROZ. Caillé es sociólogo del MAUSS (Acrónimo en francés de Movimiento antiutilitarista de las ciencias sociales)

[2] Friedrich Von Hayek es con Murray Rothbard y Ludwig Von Mises un exponente de la escuela austriaca de economía, a esta se le considera una corriente alternativa – pero también liberal – de la predominante escuela neoclásica de economía representada por Samuelson, Stiglitz y Buchanan.

[3] De acuerdo a Humphreys (2003: 168) el predominio de la teoría de la elección racional en la ciencia economía deviene de su carácter deductivo que permite la construcción de modelos matemáticos que se caracterizan por su capacidad proyectiva respecto a  fenómenos masivos.

[4] Una noción con una larga historia en el pensamiento occidental, con raíces en el epicureísmo griego (341 A.C), recuperada por Jeremy Bentham y John Stuart Mill en el siglo XVIII y reformulada en el los siglos XIX y XX por los economistas marginalistas y neoclásicos.

[5]  Weber fue uno de los primeros en resaltar que sin la invención de técnicas de cuantificación como la partida doble de la contabilidad jamás se habría producido la objetivación de la realidad económica, ni el correspondiente desarrollo de una racionalidad económica y del sistema económico capitalista (Carruthers y Espeland, 1991: 32)

Bibliografía

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Caillé, Alain (1984) “Ambiguïtés d’une catégorie anthropologique. La rareté reconsidérée”. En Bulletin du MAUSS n° 12 [« Évanescences de l’économique », 4to trimestre. Paris. Disponible en versión web http://www.cairn.info/load_pdf.php?ID_ARTICLE=RDM_018_0119 [Revisado el 18-10-2010]

__________ (1986) “La rationalité économique n`existe pas” en Caille, Alain (1986) Splendeurs et misères des sciences sociales: esquisses d’une mythologie” (Cap. 8)  Paris: Librarie DROZ. Disponible en versión web http://books.google.co.ve/books?id=NTBuaNX3logC&printsec=frontcover#v=onepage&q&f=false [Revisado el 18-10-2010]

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Carruthers, Bruce y N. Espeland, Wendy (1991) “Accounting for Rationality: Double-Entry Bookkeeping and the Rhetoric of Economic Rationality.” En The American Journal of Sociology, Vol. 97, No. 1. (Jul., 1991), pp. 31-69. Disponible en versión web: http://links.jstor.org/sici?sici=0002-9602%28199107%2997%3A1%3C31%3AAFRDBA%3E2.0.CO%3B2-%23 [Revisado el 18-10-2010]

Godelier, Maurice (1967) Racionalidad e Ir­racionalidad en Economía. México: Fondo de Cultura Económica.

_______________ (1976) Antropología y Economía. Barcelona: Anagrama  

Hammond, Peter (1997) “Rationality in Economics”. En Rivista internazionale di Scienze sociale. Año CV 247–288. Disponible en versión web http://www.stanford.edu/~hammond/ratEcon.pdf  [Revisado el 18-10-2010]

Huguet, Andrés (2001) Sobre la racionalidad en economía. Anotaciones para un marco teórico de entendimiento de la organización de la población en contextos de pobreza en el Perú contemporáneo. Disponible en versión web  http://huguet.tripod.com/racio.htm [Revisado el 18-10-2010]

Humphreys, Paul (2003) “Mathematical Modeling in the Social Sciences” En Turner, Stephen y Roth, Paul (Comps.) (2003) The Blackwell Guide to the Philosophy of the Social Sciences. Londres: Blackwell Publishing.

Mahner, Martin y Bunge, Mario (2001) “Function and Functionalism: A Synthetic Perspective”. En Philosophy of Science, 68 (March 2001) pp. 75-94

Malthus, Thomas ([1798] 1966)  Primer ensayo sobre la población. Madrid: Alianza

Pizano, Diego (Comp.) (1980) Algunos creadores del pensamiento económico contemporáneo. F. A. Hayek, John Hicks, Nicholas Kaldor, Leonid V. Kantorovich, Joan Robinson, Paul A. Samuelson, Jan Tinbergen  México: Fondo de Cultura Económica

Polanyi, Karl (1989) La Gran transformación. Critica del liberalismo económico.  Madrid: Ediciones de La Piqueta.

Sahlins, Marshall (1977). Economía de la Edad de Piedra. Barcelona: Akal.

Samuels, Warren; Biddle, Jeff y Davis, John (Eds.) (2003) A Companion to the History of Economic Thought . Londres: Blackwell Publishing

Zafirovski , Milan (2003) “Human Rational Behavior and Economic Rationality.” En Electronic Journal of Sociology, Vol 7. N. 2. Disponible en version web http://www.sociology.org/content/vol7.2/02_zafirovski.html [Revisado el 18-10-2010]

Por  Hiram Carvallo

Octubre de 2010

Globalización es un concepto polisémico, es decir existen muchas definiciones – a menudo  contradictorias – respecto a qué conjunto de fenómenos simbólicos y sociales hace referencia a nivel macro (Rizter, 2005: 330). Dicha palabra sirve para describir y explicar cambios interrelacionados y contradictorios que están ocurriendo en el mundo desde al menos cinco siglos, pero cuya aceleración ha sido percibida con agudeza desde 1989. Se le agregan adjetivos, dando lugar a constructos como globalización económica, globalización tecno-económica, globalización cultural, globalización política, etc. en un intento de claridad conceptual, que al mismo tiempo ilustra la lógica categorial segmentaria de la racionalidad detrás de dichas definiciones.  Podríamos afirmar en un sentido más general y por tanto abstracto, que globalización

 “Es un nombre que se le da a la intensificación de las interacciones económicas, políticas, sociales, culturales y tecnológicas entre las naciones que conduce al establecimiento de estructuras transnacionales y a la integración de los procesos económicos, políticos y sociales a escala mundial” (Dreher, Gaston y Martens, 2008)

No obstante, en los discursos académicos y políticos – tanto de sus partidarios como oponentes –  y en las representaciones del imaginario social occidental, la globalización es caracterizada como un proceso esencialmente económico y tecnológico, resaltando así una de sus dimensiones y oscureciendo las demás. Globalización así entendida es la liberalización de la economía, específicamente en lo que se refiere a  la libertad de los flujos de los intercambios monetarios, de bienes y servicios, inversiones y capitales y de las informaciones financieras, gracias al debilitamiento del poder del Estado para imponer barreras arancelarias y el avance de las tecnologías de la comunicación, lo cual permitiría construir un mercado global en el cual los agentes podrían funcionar económicamente con la mayor “eficiencia”. Es decir, la construcción del sueño más anhelado de la utopía económica del liberalismo.

Pero conociendo que la Globalización es un proceso multidimensional (en el que toman parte procesos cualitativos, es decir de cambio cultural, así como de cambios sociohistóricos) que admite múltiples lecturas y teorizaciones. ¿Por qué ocurre esta conceptualización y cuál es la razón de su predominio discursivo?  Para comprender el porqué es necesario en primer lugar, ilustrar cómo funciona la epistemología moderna, es decir los procesos de conformación de conocimiento de dicha episteme (Foucault, 1989) y en segundo lugar, dar cuenta del cómo históricamente han adquirido hegemonía unas representaciones sociales sobre otras (Moscovici), es decir las luchas por el poder de construir e imponer significados por los diversos regímenes de representación que se han escindido y enfrentado de la común matriz del Iluminismo desde el siglo XVIII. 

La episteme moderna, como producto cognitivo del pensamiento “abstracto” (Lévi-Strauss; 1969) tiende a operar por el mecanismo de segmentación de los elementos de una realidad, que son insertados a priori o a posteriori en categorías construidas con la finalidad de ilustrar su funcionamiento. Este procedimiento que recibe la denominación de analítico, segmenta la continuidad de los entes para encontrar las relaciones de causación y/o dependencia entre los mismos. Esta forma de pensar fue inaugurada por las Revoluciones científicas europeas del siglo XVII en adelante y se traslado, en un momento en que filosofía y ciencia no eran disciplinas diferenciadas del saber, a la filosofía. En Filosofía esta lógica segmentaria fue inaugurada por Descartes y seguida por otros filósofos, como Montesquieu, Smith, Locke, Comte que al empezar a preguntarse sobre la Sociedad la conceptualizaron como una entidad segmentada en diferentes dominios: Economía, Política, Sociedad, Cultura. La separación cognitiva de la vida social en ámbitos, permitió el nacimiento de disciplinas del saber que se ocupasen de construir conocimiento en cada una de estas áreas.  Aún cuando las disciplinas nacieron por dicha división de tareas intelectuales, algunas se tomaron la atribución de hablar de la totalidad social en conjunto, inmiscuyéndose en el ámbito de otras. Así ocurrió duramente mucho tiempo con la Economía Política que mediante las obras de intelectuales como Smith o Ricardo devino en fuente hegemónica de reflexiones y teorías de lo social (aún cuando fuere desde el prisma económico) hasta el advenimiento de la Sociología y de la Antropología.

La Economía Política, por razonamiento circular y una metodología inadecuada (Kaplan, 1976), entonces, sobreestima la causalidad de la economía en el funcionamiento y evolución de las sociedades y la separa – autonomizándola – del conjunto de relaciones e instituciones de la totalidad social a la cual esta circunscrita y de la cultura que la genera, construye y re-construye cada día. Esta operación constituye la falacia del “economicismo”, reduccionismo que atribuye a lo económico la determinación de lo social (Godelier, 1976: 276), y lo delimita a una esfera material cuantitativa, reduciendo la sociedad a un sistema de interrelaciones entre sujetos que operan según elecciones racionales en búsqueda de su propio interés al modo de las mónadas de Leibniz[1].

Con el desarrollo de la Sociología y Antropología en el siglo XIX, un discurso de lo social de este tipo fue quedando relegado a ciertos constructos filosóficos e ideológicos que dieron lugar a la teoría política liberal. No obstante, esto no sería para siempre.  El discurso social (o asocial) del liberalismo economicista  regresa a la palestra con todas sus fuerzas cuando cae el Muro de Berlín y la URSS en 1989, cayendo también el “prestigio” de la teoría marxista (su oponente, aunque también cargada de economicismo en sus versiones vulgares de los manuales estalinistas) y adquiriendo entonces una inesperada relevancia y atención, que llevo a algunos de sus propagandistas como Fukuyama a declarar el Fin de la Historia y el nacimiento de un Nuevo Orden Mundial. Los liberales fueron los primeros en vislumbrar la serie de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que advinieron con el fin de la bipolaridad de los bloques y caracterizar a este conjunto de cambios como “globalización” con el adjetivo de “económica.” Ganando por el sentido de oportunidad y la derrota discursiva de sus oponentes, la preeminencia discursiva, al punto que su conceptualización de la Globalización ya forma parte de la representación social en las sociedades occidentales y no occidentales.

Para concluir, la globalización es un fenómeno que involucra a la totalidad social, no solo el ámbito económico, no es un fenómeno de reciente data sino que tiene al menos cinco siglos de existencia (Dussel, 1992) y no es motorizado solo por cambios económicos, sino principalmente por cambios cualitativos, cambios en el orden paradigmático de las culturas, en primer momento, europeas y luego americanas, asiáticas y africanas, cambios que se suceden a cada momento, pero que por su lentitud, por su pertenencia a la “larga duración (Braudel), solo pueden ser percibidos en su entera naturaleza a varias generaciones de distancia del observador. De hecho, los cambios económicos que acompañan al fenómeno, son siempre cambios en la significación (es decir, cultura), importancia y funcionalidad que los individuos y grupos sociales otorgan a los objetos y a sus usos, cambios que ocurren de una manera orgánica que no corresponde a la falsa antropología de la teoría de la elección racional que el liberalismo clásico postula como explicación de las conductas económicas y de todas las formas de acción social.

Notas:

[1]  “Son individuales, están sujetas a sus propias leyes” (Leibniz, 1989: 34)

Bibliografía

Dreher, Axel, Gaston, Noel y Martens, Pim (2008) Measuring Globalisation: Gauging Its Consequences  New York:  Springer  Science + Business Media.

Dussel, Enrique (1992) 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la modernidad. Madrid: Nueva Utopia.

Foucault, Michel (1989) Las Palabras y las Cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Bogotá: Siglo XXI editores.

Godelier, Maurice (1976) Antropología y Economía. Barcelona: Anagrama  

Kaplan, David (1976) “La controversia formalistas-substantivistas de la antropología económica: reflexiones sobre sus amplias implicaciones”. En Godelier, Maurice (1976) Antropología y Economía. Barcelona: Anagrama  

Leibniz, Gottfried (1981) Monadología. Oviedo: Clásicos El Basílico.   

Lévi-Strauss, Claude (1964) El Pensamiento Salvaje. México: Fondo de Cultura Económica.

Ritzer, George (2005) “Globalization” En Ritzer, George (2005) (Ed.) Encyclopedia of Social Theory. Vol. I. Londres: Sage Publications.

 

Hola gente….

Volviendo a la escritura en el blog, remito un trabajo reciente que realice hace unos meses constituido por un análisis comparativo de las políticas públicas de la Alcadía del Municipio Libertador y de la Alcaldía Metropolitana sobre como deberia ser la gestión urbanistica de los espacios públicos de la ciudad de Caracas, capital de Venezuela, aplicando categorias analiticas  del urbanismo y la antropología urbana. Para los amigos que nos leen desde el exterior, les explico que Caracas esta gobernada a partir de dos niveles, uno macro que lo ejerce la Alcaldía Metropolitana de Caracas y otro micro que ejercen cinco alcaldías municipales: Libertador,  Chacao, Baruta, El Hatillo y Sucre. Nuestro analísis se limita al Municipio Libertador que corresponde al area geográfica del oeste-centro y sur oeste de la ciudad, que es la mas golpeada por la mala gestión y la desidia urbanistica de los gobernantes desde hace varias décadas.  La construcción de políticas públicas de correcto funcionamiento es un asunto ya no tanto de la viabilidad de una propuesta politica, sino de humanidad, del aseguramiento de los derechos humanos de las personas.

 

Análisis comparativo de las políticas públicas sobre el espacio público aplicadas en el Municipio Libertador desde la  Alcaldía del Municipio Bolivariano Libertador y la Alcaldía Metropolitana de Caracas en el período 2009-2010

Carvallo, H. y Otros (2010)

Escuela de Antropología

Universidad Central de Venezuela

Resumen:  El siguiente es un análisis comparativo de las políticas públicas  sobre el espacio público, ideadas e implementadas por dos de las instancias de gobierno que se ocupan de dicha problemática en el Municipio Libertador: la Alcaldía del Municipio Bolivariano Libertador y la Alcaldía Metropolitana de Caracas, en el marco de acción temporal 2009-2010.  Se evaluan los alcances y limitaciones de dichas políticas, desde lineamientos urbanísticos como desde la Antropología Urbana.  En esta breve revisión de las políticas públicas para la recuperación, mejoramiento, calidad, de los espacios públicos de la ciudad de Caracas por parte de estas alcaldías se develan los compromisos, las fragilidades, dificultades e incluso las potencialidades para enfrentar la experiencia urbana que se desprende de una ciudad compleja, paradójica y para muchos caótica como nuestra capital.

Bajar Documento completo en el link:  Carvallo y otros (2010) – Analisis comparativo AML vs AMC.pdf

Por Hiram Carvallo (2009)

La familia nuclear ha venido experimentado una disminución de su importancia en el conjunto social en las naciones más afluentes del hemisferio occidental por cambios que han desdibujado su naturaleza.

Elizabeth Beck Gernsheim escribe en la Reinvención de la familia (Paidos, 2003) sobre este ocaso de la familia nuclear, institución que fue el centro indiscutido de la vida social de la  llamada civilización occidental (Europa, América del norte) y como su lugar ha sido tomado por otras formas de familia. “Lamentado” ocaso de un modelo, de una forma de vida, de un modo de relación social, de formación e integración de los sujetos con el resto de la sociedad que en realidad no fue el más duradero de la historia de Occidente. Mas allá del discurso engañoso que atribuye “tradicionalidad” a esta forma familiar, en realidad esta construcción social no tiene más de 200 años y solo tomo lugar con la demolición brusca (por el cambio de la base económica con la industrialización del s. XIX) de otras formas de filiación más estables en el tiempo. Paradójicamente hoy se ve el retorno fantasmagórico (de formas pero no esencias) de algunas de esos modelos arcaicos de familia trastocados ahora por las circunstancias socio-político-económicas del siglo XXI (como el caso de la familia extensa multigeneracional por el problema del déficit de vivienda). Así mismo este ocaso ha ocurrido más que por la trasversión del modelo que por el nacimiento de nuevas formas de familia.  Estamos ¿entonces quizás en la transición a otros modos de familia?

La familia nuclear también ha mostrado algunos de esos cambios (ej. la normalización de los divorcios) en Venezuela, país de la periferia de Occidente, especialmente en sectores socioeconómicos medios y altos y otros de fuerte religiosidad católica de la población donde tuvo mayor arraigo mas y que era (y es) el marco de referencia para la convivencia y que aun es reivindicado por los voceros más conservadores de estos grupos como la solución a los males nacionales (CEV, 2008).  Modelo que ha estado en pugna simbólica con otro mayoritario, diferente a lo basado en los disposiciones del código civil napoleónico francés sobre familia y matrimonio la “matrisocialidad” (Hurtado, 1998) que no es un derivado de la reciente marginalidad urbana como usualmente se cree sino que se remonta a varios siglos y se extiende a todos los estratos sociales. Entonces, la familia nuclear como otros aspectos del modo de vida occidental que adoptamos o tenemos como ideal a sembrar en nuestro suelo tropical, no pasa de ser un discurso sin praxis generalizada. Es otro de los muchos ejemplos de nuestra adopción irreflexiva de préstamos culturales sin aplicación concreta, que no integramos bien a nuestra identidad cultural en formación (Briceño Guerrero, 1997: 9).

En Venezuela, la matrisocialidad consiste, pues, en la familia monoparental donde la madre es el centro y líder del sistema de filiación, mientras la relación del padre con la madre y su relación con los hijos es esporádica o inexistente, es débil, él esta “ausente” en la familia. El padre solo cumple un papel erótico y reproductivo. (Hurtado, 1999).

Para Otalora y Mora (2004) también la familia matricentrada tiene otras características:

“La pareja en la familia matricentrada venezolana se caracteriza por una relación en donde existe la unión pero no el matrimonio, lo cual incluye, según Samuel Hurtado, la ruptura fácil «porque no existe el compromiso del amor fiel, único y para siempre del vínculo conyugal indisoluble” (Hurtado, 1999: 39 citado en Otalora y Mora, 2004). La pareja es una circunstancia determinada por la utilidad compartida en un tiempo: “ha de hablarse más de apareamiento que de pareja. Apareamiento de cuerpos, de necesidades, de intereses, de complementariedades múltiples, que cuando se han actualizado, pierden funcionalidad, cierran un ciclo, y dejan libres a los componentes para iniciar otro” (Moreno, 1995:15 citado en Otalora y Mora, 2004).

Aun con nuestra posición periférica en el contexto occidental, Venezuela coincide con algunas características de su modelo familiar matricentrado con lo que es, en esta primera década del siglo XXI, la realidad de muchas parejas europeas, en lo relativo a la temporalidad de la unión y su cualidad de apareamiento lúdico más que de compromiso para toda la vida (Beck-Gernsheim, 2003: 37).

Nos preguntamos ¿si esta coincidencia será realmente una anticipación casual o más bien que ambas realidades son el subproducto de una institucionalidad social que no sustenta, no impulsa y sabotea la conformación de lazos sociales profundos del tipo familia nuclear de la modernidad o extensa de antes?? ¿O el nacimiento de una nueva institucionalidad con la globalización y liberalización económica que no puede integrar dentro de sí sin contradecirse el tipo de microcomunidad fuerte que es la familia nuclear?

Historia de la familia nuclear occidental.

La familia nuclear – Padre, Madre e Hijos – (donde el padre es el proveedor, la madre y sus hijos son sujetos pasivos bajo su autoridad y protección) se encuentra históricamente vinculada a los cambios sociales introducidos por la Revolución Industrial europea (Beck-Gernsheim, 2003: 132) en el mundo del trabajo (eliminación del salario familiar y pago individual de la mano obra), a las migraciones del campo (donde la forma de subsistencia era familiar) a barrios obreros en las ciudades (donde la forma de subsistencia era individual nacida del intercambio mano de obra individual por dinero), que conllevaron nuevas formas de ocupación de los espacios urbanos de convivencia, nuevos roles y formas de vinculación entre sujetos y por ende a la reducción del número de los integrantes de la familia. Estos cambios fueron en un primer momento anticipados por las transformaciones del modo de significación de la realidad – “la cultura” (Hurtado, 2006), en especifico: la “individualización” (atribución de nuevos roles y deberes) de los sujetos según la  nueva concepción del ser humano, como individuo libre de “todas las ataduras” grupales (comunidad, Rey, Iglesia), legada por algunos intelectuales del siglo de las Luces (A. Smith, Mandeville, etc) , ergo, la difusión de la “ideología individualista” a partir del siglo XVIII luego de su concreción política con las revoluciones de 1777 y 1789 (Dumont, 1987: 104) y que se corresponde como la superestructura más adecuada (Lange, 1966: 35) al nuevo tipo de economía capitalista industrial que se inauguraba en la Europa de entonces.

El desarrollo sin cesar de las fuerzas productivas (Lange, 1966: 38) que transformo las economías mercantilistas serviles a los poderes políticos de reyezuelos absolutistas europeos en economías capitalistas industriales “liberales” pero con prácticas proteccionistas y modos anti-liberales de captación de recursos y mercados como el colonialismo y la explotación de los “colorados” del Sur, acelero el cambio cultural.

Este conjunto de circunstancias abrió espacio a un horizonte idóneo para la acción del sujeto occidental emancipado de las muletas de la comunidad tradicional (y de la familia extensa dentro de ella), pero  ahora demandado (y explotado) por la megamaquina industrial de producción y para el consumo de los productos acabados (Lasch, 1984). En este nuevo modo de vida altamente racionalizado en el que se “se vive para trabajar”, la familia extensa queda cancelada por inoperante, insostenible y conflictiva con la nueva infraestructura económica que demanda una nueva praxis social e individual.

El nuevo sistema económico del capitalismo industrial requirió una reducción numérica de los integrantes de la familia y el cumplimiento de funciones como: la reproducción, formación (hasta cierta edad) de nuevos individuos productores y consumidores de los productos producidos – valga la redundancia – por ellos o por otros (Lasch, 1984).  Este es el verdadero origen de la familia nuclear.  El sistema industrial demanda individuos independientes y con pocos vínculos reales entre sí salvo los del trabajo racional en las fabricas, empresas y de los intercambios comerciales. Las grandes agrupaciones de personas o comunidades de pertenencia serán vistas con sospecha por el nuevo orden luego del caos revolucionario jacobino post-1789 (De Benoist, 2005). Pero, ante la necesidad humana de vinculación fuerte entre sujetos, el nuevo sistema socioeconómico propone como sustitutos de la vieja familia y comunidad: la Nación, a la ideología, el culto al líder político, grandes tótems que vincularan a los individuos  por un tiempo.

Sin embargo, la familia nuclear será el único refugio genuino de socialidad que le quedara al individuo occidental ante la competencia descarnada del todos contra todos dentro del sistema socioeconómico capitalista industrial (Lasch, 1984).  Sera la última de las agrupaciones legitimas propuestas por la modernidad industrial en desaparecer.

De allí, que ahora en estas fragmentadas sociedades occidentales (Bauman, 2007) del siglo XXI post-industrial, su ocaso, su pérdida de importancia sea tan lamentada.

La muerte de la familia nuclear.

La mutación de los valores de racionalidad, ahorro y sobriedad de la economía capitalista industrial en otros de derroche, goce y consumo ilimitado del nuevo capitalismo postindustrial (Bell, 1979) genera nuevas conductas en los sujetos que consolidan el ocaso de la familia nuclear. La ética protestante (Weber, 1975), que anteriormente había sido ancla del capitalismo industrial y de la familia nuclear ya no sanciona la conducta individual en la totalidad de la vida sino que ahora solo se limita al ámbito laboral. Se rompe el engranaje entre la vida personal sobria de “mucho sudor, trabajo duro y poco lujo” y la praxis racionalista en el trabajo. Retorna paradójicamente el “desprecio aristocrático al trabajo” y sobre todo a esos valores “puritanos” (Bell, 1979).

“La vida es corta” y la familia nuclear demanda mucho esfuerzo y por tanto queda relegada de esta vida para muchos. La familia nuclear encarna muchos riesgos para el nuevo Homo Consumans (Champetier, 1994) y demasiados requisitos, fuerza contradicciones irresolubles que concluyen en la  incompatibilidad entre la búsqueda de placeres (el sexo desenfrenado, el ocio sin restricciones) y los compromisos (compra de vivienda, estabilidad marital, crianza de los hijos, etc.) de la familia. El elevado costo económico de sostener una familia (en comparación con el ingreso salarial) en estos tiempos de crisis mundiales derivadas de la liberalización de la economía, del empleo, de competencia entre sujetos de distintos géneros, nacionalidades, edades por los mismos escasos empleos bien remunerados (Beck, 1998) no permite satisfacer las necesidades superfluas sin las cuales no se alcanza el nuevo ideal, la “felicidad” individual ni se obtiene el reconocimiento social (Bruckner, 2001).  Como colofón, la incorporación masiva de las mujeres al mercado de trabajo, produce una nueva distribución del tiempo, poder y trabajo al interior de la familia, que diluye el papel preponderante del hombre dentro de la familia, emancipa a la mujer de su dominio y dinamita la base de la estructura de la familia nuclear (Otalora y Mora, 2004).

Los resultados prácticos son la baja tasa de natalidad – 1,36 hijos por cada mujer –  que pone en peligro la reproducción demográfica del sistema social (Rebossio, 2006),  la división del conjunto social entre solteros eternos sin ninguna vinculación fuerte con nadie y los pocos que se atreven a formar familias con el viejo modelo en la mira.

¿Nuevas familias?

Las nuevas familias que se constituyen en esta nueva circunstancia tienen características muy disimiles a las atribuidas a la familia nuclear, son ahora “contratos” poco estables, solubles como los empleos por contrato temporal en las empresas, ya no se construyen en base al “vivirán juntos hasta que la muerte los separe” sino en el reconocimiento de que más pronto que tarde pueden concluir, y los individuos se cubren las espaldas con toda una serie de estrategias psicosociales y legales que les permitan salir lo mas ilesos posibles de una ruptura marital. Son distintos en número de integrantes (de los cónyuges y de los hijos), en la forma como engendran (tecnologías de reproducción, planificación) y/o crían a los hijos  (ayuda de una funcionarios, educadores y personal domestico. (Lasch, 1987), en los roles y la relación de cada miembro de la familia entre sí,  en la ocupación del espacio de la vivienda, en la relación con los otros parientes, etc.

Beck-Gernsheim (2003) describe las nuevas características de la familia en este periodo de transición:

-El carácter temporal e informal de la relación de pareja:

“La tendencia actual es a hablar del «compañero» o «compañera» que comparte la vida de uno y hasta —con un quiebro irónico— del compañero de un determinado «tramo de la vida».(Beck-Gernsheim, 2003: 13)

-Normalización de la separación:

“Si consideramos la evolución histórica de la cuestión desde el siglo XIX es fácil ver que, tanto en Alemania como en otros países occidentales, ha tenido lugar un cambio masivo de los fundamentos institucionales de la relación matrimonial. Si todavía en el siglo XIX había una serie de regulaciones normativas —por influencia, es­pecialmente, de las iglesias y de supuestos jurídicos enca­minados al mantenimiento, al menos de cara al exterior, del matrimonio, y que operaban como un armazón, e in­cluso, quizá, como una camisa de tuerza—, cualquiera puede observar que en el transcurso del siglo XX tales su­puestos fueron desapareciendo poco a poco; formulán­dolo de otro modo: se fueron eliminando paulatinamen­te, hasta llegar a la situación actual, un conjunto de tabúes y barreras que en otros tiempos al menos dificultaban una separación y a menudo la hacían del todo inviable.“(Beck-Gernsheim, 2003: 50)

-Nuevos tipos de familias y de parejas:

“vinculaciones de otro tipo, por ejem­plo: sin certificado matrimonial o sin hijos, familias monoparentales, una segunda familia, parejas del mismo sexo, relaciones de fin de semana o con compañeros para un tramo de la vida, vidas compartidas con varios hogares o con la residencia en diferentes ciudades” (Beck-Gernsheim, 2003: 28)

La familia de padres divorciados: “allí donde tiene lugar un divorcio las situaciones vitales de los hombres y las mujeres – de los padres y los hijos – toman un rumbo distinto. (….) alguno deja la casa (casi siempre el hombre) y se muda a otra… para comenzar de nuevo. Atrás quedan las mujeres y los hijos, pero, a consecuencia de la nueva situación, también ellos se muden a una vivienda más barata (…) eso significa un cambio de ambiente, de escuela, de vecinos. Son realmente nuevas las condiciones de índole económica. Tras el divorcio se impone una nueva organización de la vida cotidiana”. (Beck-Gernsheim, 2003: 65-66).

Matrimonios sucesivos entre divorciados: “muchos de los divorciados se casan de nuevo o bien comparten su vida sentimental con otra persona sin el certificado del registro, dándose la cir­cunstancia de que el nuevo compañero o compañera sentimental había estado también casado, y acaso hasta traiga consigo a sus propios hijos. En consecuencia, cada vez son más los hijos que tienen un nuevo padre o una nueva madre no biológicos.” (Beck-Gernsheim, 2003: 69)

Familias multiculturales: “En las últimas décadas se ha podido observar repe­tidamente que, a consecuencia de guerras, revoluciones políticas y tendencias de la economía a escala interna­cional, han ido surgiendo algunos modelos típicos de matrimonios binacionales. (..)La apertura de un «mercado de matri­monios» internacional” (Beck-Gernsheim, 2003: 240)

Nuevos roles para las mujeres, derivados de:

“cada vez son menos las que pueden esperar que el hombre las mantenga, cada vez hay más que son remitidas —si bien, con frecuencia, de una forma con­tradictoria— a su propia independencia y capacidad de autoabastecimiento.” (Beck-Gernsheim, 2003: 139)

“se ha llegado a una situación en la que cada vez más mujeres no sólo quie­ren tener una actividad profesional, sino que se ven obligadas a tenerla por razones económicas” (Beck-Gernsheim, 2003: 153)

Lo que ha llevado al abandono de tareas anteriormente femeninas:

“la actividad laboral empeora cualitativamente, en opinión tanto de las propias mujeres como de su entorno, el papel de madre de la mujer” (Beck-Gernsheim, 2003: 128)

“como demuestran las esta­dísticas demográficas, la realización de este deseo (de tener hijos) cada vez se aplaza más. Es frecuente que su alcance quede también reducido: mujeres que querían dos o tres hijos tienen, al final, sólo uno.” (Beck-Gernsheim, 2003: 141)

“cada vez hay más hijos únicos” (Beck-Gernsheim, 2003: 169)

Y ahora los hombres han modificado su rol:

“los hombres de la generación mas joven se comprometen mucho más que sus padres y sus abuelos en la educación de los hijos.” (Beck-Gernsheim, 2003: 129)

-Planificación de la relación:

“Y cuanto más salta a la vista el riesgo de fracaso y separación de la pareja, con tanta mayor frecuencia pue­de observarse cómo van surgiendo, para hacer trente a ello, una serie de estrategias de prevención, Hay por ejemplo, ofertas de una premarital therapy de una pre-marital check-list o incluso de una «terapia de comuni­cación prematrimonial», todas ellas con el propósito de encontrar el foco de las crisis y los conflictos potenciales antes de que comience el matrimonio. “(Beck-Gernsheim, 2003: 96)

“Quieren cerciorarse así de si el futuro cónyuge es, realmente, el adecuado para esa función. Cada vez son más las parejas que antes de casarse suscriben un contrato matrimonial donde las regulaciones afectan a puntos que pueden ser, en cada caso, dife­rentes (desde las disposiciones en torno al uso del dine­ro y el patrimonio hasta el estilo de vida y el número de hijos) “(Beck-Gernsheim, 2003: 97)

(…) “Tales formas de «previsión de la separación» no surgen por casualidad”

“Cuando todo se vuelve inseguro, cuando las antiguas tradicio­nes y normas cada vez pueden aspirar a menor validez, entonces uno quiere, al menos en lo que dependa de su propia gestión —es decir, en el comportamiento priva­do de dos personas—, crear alguna forma de obligato­riedad, seguridad, fiabilidad; en una palabra, hacer del futuro algo calculable.” (Beck-Gernsheim, 2003: 97)

-Planificación de la reproducción y nuevas tecnologías reproductivas:

“Con el paso de los tiempos modernos, la paternidad se convierte, cada vez más, en objeto de planificaciones y decisiones privadas, así como de cuidados y asistencia pública (Beck-Gernsheim, 2003: 165)

“La paternidad en los tiempos modernos es igual a cumplir el mandamiento de fomentar lo optimo” (Beck-Gernsheim, 2003: 166)

“Con estos progresos médicos (del diagnóstico prenatal] se despiertan y profundizan otras ansias. La creciente aspiración a tener un hijo sano puede ir, al final tan lejos que podría generarse una especie de obligación de tener un hijo sin ninguna tara (Beck-Gernsheim, 2003: 164)

“el niño se convierte, más bien, en una especie de meta de una serie polifacética de esfuerzos. En lo posible, todos sus defectos deben ser corregidos (nada de bizqueo, nada de tartamudez, fuera la enuresis), todas sus facultades de­ben ser fomentadas lo más posible” (Beck-Gernsheim, 2003: 169)

Nos encontramos entonces en un “tiempo líquido” (Bauman, 2007), en el que las estructuras sociales  como la familia ya no son tan estables, tan reiterativas en el tiempo como para solidificarse y por tanto no sirve de marcos de referencia para los actos sociales. La familia ahora es un bien de consumo temporal para el individuo quien es en este nuevo siglo la “verdadera” celula de la sociedad posmoderna.

Bibliografía:

Bauman, Zygmunt (2007) Tiempos líquidos. Barcelona: Tusquets

Beck-Gernsheim, Elisabeth (2003) La Reinvención de la familia. En búsqueda de nuevas formas de convivencia. Buenos Aires: Paidos.

Beck, Ulrich (1998) La sociedad del riesgo. En camino hacia otra sociedad moderna. Barcelona (España): Paidos

Bell, Daniel (1977) Las contradicciones culturales del capitalismo. Madrid: Alianza Editorial: “La ética protestante y el temperamento puritano fueron códigos que exaltaban el trabajo, la sobriedad, la frugalidad, el freno sexual y una actitud prohibitiva hacia la vida. Ellos definían la naturaleza de la conducta moral y de la respetabilidad social.”

Briceño Guerrero, Jose M. (1997) El laberinto de los tres minotauros. Caracas: Monteavila editores. Briceño Guerrero concibe la identidad cultural venezolana como un todo caótico donde se confrontan discursos y realizaciones culturales tomadas de la Europa moderna con practicas más cercanas a las de la Europa tardomedieval y a de las culturas indígenas y afrodescendientes. Venezuela es apariencia “moderna” pero en la practica antimoderna.

Bruckner, Pascal (2001)  La euforia perpetúa. Sobre el deber de ser feliz. Barcelona (España): Tusquets.

Conferencia Episcopal venezolana (2009)  Valores e ideales de la Familia. Disponible en internet:   http://www.cev.org.ve/familia/vidal.doc (visitado el 24-3-2009)

Champetier, Charles (1994)  Homo Consumans. Archéologie du don et de la dépense. París: Le Labyrinthe.

De Benoist, Alain (2005)  Como se ha roto el lazo social.  Disponible en internet: http://www.alaindebenoist.com/pdf/como_se_ha_roto_el_lazo_social.pdf (visitado el 24-3-2009)

Dumont, Louis (1987)  Ensayos sobre el individualismo. Una perspectiva antropológica sobre la ideología moderna.  Barcelona (España): Alianza Editorial.

Hurtado, Samuel (2006)  Etnología para divagantes. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca-Ediciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. “El modo de producción de significados o interpretación de la realidad es la cultura y el engranaje que da soporte a la institucionalidad social de una comunidad”.

______________(1998) Matrisocialidad. Caracas: Universidad Central de Venezuela, Ediciones de la Biblioteca-Ediciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

______________(1999) La sociedad tomada por la familia: estudios en cultura matrisocial venezolana. Caracas: Ediciones UCV.

Lange, Oscar (1966)  Economía política. México: Fondo de Cultura Económica.

Lasch, Christopher (1984) Refugio en un mundo despiadado: la familia: santuario o institución asediada? Barcelona, España: Gedisa

Moreno, Alejandro (1995)  La familia popular venezolana. Caracas: Centro de Investigaciones Populares-Centro Gumilla.

Otalora, Cristina y Mora, Leonor (2004) La familia popular venezolana: el significado de la infidelidad en el contexto de la pobreza. En Cuadernos del Cendes: 21, 55.  Caracas (Abril 2004).

Rebossio, Alejandro (2006) Alarma en Alemania por la baja natalidad. En La Nacion (Argentina): 16 -3- 2006. Disponible en internet:  http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=789169  (visitado el 24-3-2009)

Weber, Max (1975)  La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Barcelona (España): Península.

Por Hiram Carvallo

(2o10)

Luego de una pausa de mes y medio por actividades académicas y personales, vuelvo al blog para descarga de tantas ideas que pululan en mi mente.

Este mes se cumple un año de mi estancia de pretensiones “etnográficas”  en el particular entorno social de los aprendices, maestros y participantes de la Contabilidad y la Administración en la EAC en la UCV.  Esta estancia me ha servido como practica, muy amateur, de los elementos funcionales de cualquier etnografía como la observación de l@s sujet@s y la participación en las actividades y sistema de creencias de ell@s.  Todo ello realizado de una manera artesanal, sin la solidez metodológica que necesita una investigación en ciencias sociales, puesto que es ahora en este semestre que aprenderé las nociones elementales de etnografía.  Hasta el momento la obra de RUIZ OLABUENAGA e ISPIZUA (1989) me ha servido de guía metodologica para la elaboración de estas primeras impresiones.

Hace un año llegue al edificio de Trasbordo  con la idea de introducirme en la cosmovisión de la profesión administrativa como parte de una inquietud mas general respecto a la viabilidad y pertinencia de las teorías administrativas ortodoxas en la gerencia de las empresas e instituciones del mundo real en Venezuela, tomando en cuenta la incidencia de la cultura  en el modo que se constituyen nuestras organizaciones, representaciones sociales sobre los roles de jefe y subordinados, de las relaciones de poder,  la producción, la acumulación de capital, la justa o no distribución de la ganancia, entre otros elementos  discursivos cuya actuación como conformadores de prácticas seguidas por los sujetos, hacen que el tránsito de la teoría administrativa ortodoxa a la praxis sea en algunos casos una utopía.

La experiencia ha servido de práctica preparatoria para una posterior  etnografía de cualquiera de las dos profesiones (ya tendré tiempo de decidir cuál) en el mundo real, en las empresas privadas en la atribulada ciudad de Caracas.  Debido a las carencias metodológicas antes mencionadas, di un giro en la investigación y puse la lupa en a.) las características de clase, genero, edad de los estudiantes nuevo ingreso de la carrera,  b.) sus representaciones, expectativas de ella, c.) su adaptación y negociación con la estructura académica  de la escuela, d.) la efectividad de las estrategias pedagógicas del personal docente en moldear a la masa estudiantil de acuerdo a los requerimientos de la carrera, 6.) la aceptación, repetición y reapropiación de los conceptos y métodos por los estudiantes, enseñados en la carrera en estos primeros semestres. Con la finalidad de afinar mi observación e interpretación de los datos.

Con los siguientes resultados:

a.) de lo observado, he notado que la clase media alta es mayoritaria entre los estudiantes del turno de la mañana. En el turno de la tarde se observa al contrario un predominio de los estudiantes de clase media baja con algunas representaciones de la clase baja trabajadora y de personas que trabajan y estudian. En el turno de la noche predominan los sujetos de clase media a secas que trabajan y estudian.  En los dos turnos, de la mañana y tarde hay predominio ligero del sexo femenino de alrededor del 60% como promedio, puesto que en varias clases como las de Contabilidad I y II llego al 80%. En el turno de la noche se encuentra una paridad entre sexos.  Investigar el porqué de esta disparidad de género según turno puede ser un buen tema de investigación.  En el turno de mañana y tarde se observa un dominio etario de estudiantes entre 17 y 20 años, de los cuales un 75% ingreso al poco tiempo de terminar el liceo, un 20% de población flotante que paso un año o más entre su finalización de la educación secundaria y su ingreso a la carrera, un 5% de personas que cambio de carrera a esta. En el turno de la noche, se observa al contrario un predominio de personas con 20 o más años de edad, muchas que trabajan, algunas ya graduados en otra carrera.  Todas estas características demográficas se refieren a la muestra de estudiantes de los primeros semestres.

b.) A contrario de mi experiencias respecto a mi carrera de origen, los estudiantes ingresan a esta escuela con un conocimiento previo sobre la contabilidad y/o la administración, sobre la labor del administrador y/o del contador, las salidas laborales de ambas carreras y hasta la remuneración esperada o supuesta de cada una de ellas.  Este último punto constituyo el principal motivo para ingresar a estudiar para administrador o contador para la mayoría de mis informantes.  Esa representación social de la carrera coincide con estudios de sociología del trabajo que ponen a la administración y la contaduría entre las seis carreras con mayor probabilidad de que sus cursantes consigan un empleo a mitad de carrera o al momento de la graduación.

De las preferencias sobre una u otra, una mayoría de los sujetos, casi el 80% se inclina por la contaduría, por las expectativas adquiridas del entorno social que adscriben unos mayores ingresos económicos a los contadores que a los administradores. Algunos informantes afirman que los contadores tienen un papel más importante que los administradores en la estructura empresarial.

c.) La mayoría soporta bien el régimen académico de “psicoterror” implementado por los profesores como entrenamiento para que los estudiantes se acostumbren a trabajar con presión. De las cinco materias, y cinco profesores que dan clases por semestre, en promedio dos ejercen el “psicoterror” al doble mediante lecturas interminables, exámenes miden la capacidad de atención de los estudiantes al absoluto, su paciencia y capacidad nemotécnica. Una de las cinco materias, la contabilidad, tiene un lado practico que obliga al estudiante a la práctica frecuente de cálculos matemáticos en hojas rayadas de dos o más columnas, que a menudo se extienden por días, y que por dificultad conlleva a la conformación de grupos de estudio entre sujetos para la resolución de los problemas, que en un proceso inverso al observado en mi escuela de origen, da lugar a redes de amistad.

Las relaciones sociales de afinidad o alianza tienden a conformarse mediante un débil compromiso que permita satisfacer intereses académicos (interés pragmático)  e intereses lúdicos (amistad).  Estas agrupaciones de voluntades tienden en la mayoría de los casos a perpetuarse a lo largo de los semestres. No obstante, no son grupos cerrados, sino redes que pueden ampliarse en algunos momentos dependiendo de si los nuevos sujetos candidatos a ingresar proporcionan un beneficio académico (ser buen estudiante) o lúdico (diversión, ocio, sexualidad, etc).

Son relaciones sociales que en mi observación y participación en ellas, considero instrumentales, principalmente pragmáticas, y parecidas a las que se dan en las empresas, aunque los sujetos no tenga experiencia laboral previa. ¿esto se deberá a la internalización del perfil del profesional como sujeto racional, pragmático que requieren ambas carreras o de la ecología del tiempo en la cual la practica constante de resolución de problemas y tareas da muy poco espacio para el ocio, y la conformación de relaciones principalmente lúdicas?

d. y e.) Aun con el constante entrenamiento y practicas sancionados por el personal docente y sin el cual es imposible aprobar las materias, no se puede decir con seguridad que la mayoría de mis informantes apliquen al 100% el conjunto de herramientas teóricas y prácticas que los primeros proporcionan. Muchos tienden a olvidar el contenido de materias distintas de las principales de la carrera, conjuntos teóricos que consideran como relleno y de poca pertinencia profesional.   Por otro lado, una parte considerable ignora las relaciones entre materias como Matemáticas, Contabilidad y Economía, entendiendo la separación categórica de ellas como una separación epistemológica.  Una parte menor demográficamente de los sujetos olvidar el contenido de materias antecedentes a las materias principales de la carrera. Este fenómeno sucede las vacaciones entre semestres.

Puedo afirmar según lo observado, que la muestra de estudiantes en el espacio delimitado de la Escuela de Administración y Contaduría en la UCV Caracas que se prepara para el ejercicio de una y otra carrera, dista de los estereotipos que se maneja en los libros de contabilidad y en la cultura angloparlante sobre los contadores y administradores, de personas tímidas, asociales, calculadoras y género masculino en el caso de los primeros, y de emprendedores, fríos, sin escrúpulos y con ansias de poder sobre el resto de la gente en el caso de los segundos.

Respecto a los estereotipos nacionales sobre los estudiantes de la Administración y Contaduría como personas que se la pasan de fiesta en fiesta, de poco apego al estudio, entre otras cosas, quedan como mitos, puesto que en esta escuela hay que esforzarse para aprobar las materias, en tanto que el nivel de dificultad va incrementándose drásticamente cada semestre que experimenta cada estudiante.

Hasta aquí mi etnografía ingenua de la muestra  de la población de estudiantes de primeros semestres de la Escuela de Administración y Contaduría de la UCV Caracas.

Notas:

Ruiz Olabuenaba, José I.  e  Ispizua, María A. (1989) La descodificación de la vida cotidiana. Métodos de investigación cualitativa.  Deusto: Universidad de Deusto

El track con el que inicio esta entrada es  A Little Bit of Solidarity Goes a Long Way, single de un impresionante disco que cayo en mis manos hace una semana a modo de regalo navideño adelantado, uno de los mejores discos de este año que finaliza y quizas el mejor de post-rock  indie y experimental. Lleno de crescendos de vertigo, punteos y armonias a medio camino en entre el prog menos convencional y el  Jazz mas intenso.  Es el disco homonimo de la banda And So I Watch you from Afar editado por Smalltown America records.

El disco es una grata sorpresa de parte de un genero musical desgastado por tantas copias de Tortoise, Mogwai y Fugazi que no hacian mas que repetir la combinacion de exito de agresividad del post-punk + improvisacion del jazz 0 post rock.

A contrario de esta tendencia, a  lo largo de once canciones se configura un muro de sonido rico en variantes, permitidos por una mezcla magistral que permite identificar en su lugar a las dos guitarras como a las lineas del sinte o teclado, tan importantes en un clasico de post-rock como en el que se se convertira esta obra  asi mismo a la bateria y al bajo.  Es aplaudible la composición en la cual se puedenen engranar elementos tan disimiles con complejas estructuras ritmicas sin sonar a union forzada ni caer en una sobreproduccion.

Criticos musicales y seguidores apuntan a Explosions In The Sky,  Mogwai, Pelican y Battles como las claras influencias que recoje And So I Watch you From Afar. Personalmente opino que ASIWYFA es otra cosa, el Upgrade 2.0 y la inversion creativa de todos ellos.

And So I Watch you From Afar es un proyecto banda de post-rock oriundo de Irlanda del Norte (Belfast) .

And So I Watch you from Afar disco homonimo de la banda

And So I Watch you from Afar disco homonimo de la banda

Tracklist

01 – Set Guitars to Kill

02 – A Little Bit of Solidarity Goes a Long Way

03 – Clench Fists, Grit Teeth… Go!

04 – I Capture Castles

05 – Start a Band

06 – Tip of the Hat, Punch in the Face

07 – If it Ain’t Broke… Break it

08 – These Riots are Just the Beginning

09 – Don’t Waste Time Doing Things You Hate

10 – The Voiceless

11 – Eat the City, Eat it Whole

Un discazo recomendado para todo fanatico del rock instrumental, para amantes del post-rock, de las tendencias experimentales, del indie, el progresivo y hasta ciertos adelantados del jazz-metal a lo AtheistCynic y Textures.

PD:  Para bajarselo dar click a la portada del album.

Marc Auge – El Sentido de los otros

Por Hiram Carvallo

Marc Augé en 2000

Antropólogo social francés, nacido en 1935, de reconocida trayectoria y prolífica carrera. Profesor de antropología y etnología, ha sido director del Institut de recherche pour le développement (IRD) y de L’École des hautes études en sciences sociales (EHESS) de Paris (1985-1995) e investigador del Centre national de la recherche scientifique (CNRS). Autor de numerosos libros como: El genio del paganismo (1982), Travesía por los jardines de Luxemburgo (1985), El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro (1986), Dios como objeto (1988), Los no lugares. Espacios del anonimato (1992), Hacia una antropología de los mundos contemporáneos (1994), El viaje imposible. El turismo y sus imágenes (1997), La guerra de los sueños (1998), Las formas del olvido (1998), Ficciones de fin de siglo (2001), Diario de guerra: El mundo después del 11 de septiembre (2002), El tiempo en ruinas (2003), ¿Por qué vivimos? Por una antropología de los fines (2004)

Es un antropólogo africanista, cuya experiencia de campo a lo largo de varias décadas en el oeste de ese continente (Togo, Costa de Marfil, Benín) le llevo a reelaborar  la noción de cultura que traía de su formación estructuralista y a recrear una nueva metodología antropológica, que en una segunda etapa, le permitió abordar la vida cotidiana de las urbes europeas y reflexionar sobre el problema de la cultura, es decir del “sentido común” y/o las representaciones sociales en el mundo globalizado. 

Esta apertura  es consecuencia de la creciente pérdida de “exoticidad” de las culturas de los pueblos “colonizados” en pleno auge de las comunicaciones y de la globalización. Esta pérdida de lo exótico es el fruto tanto de la prevalencia de los “no lugares” y la llegada de la “sobremodernidad”.  

Lo que le obligo a redefinir el objeto de la antropología como el “estudio del sentido común de los Otros”, incluyendo el de los Otros próximos, es decir, la misma sociedad  occidental.  Lo que significo un cambio metodológico en la praxis de nuestra disciplina en el Viejo continente. 

Los conciertos de masas como ritual lúdico moderno

“El Sentido de los otros” (1996) como objeto de la antropología.

Augé aborda la cuestión de las representaciones sociales, desde la noción de “sentido común”, es decir, la significación que los seres humanos dan a su existencia, resaltando el papel identitario que tiene para los grupos  y los individuos.

El sentido común o sentido social es (…) el conjunto de relaciones simbólicas instituidas y vividas entre los unos y los otros en el seno de una colectividad que dicho sentido permite identificar como tal” (Auge, 1996: 11).

No se reduce  a la suma representada por una cosmología: ni con la teoría social, ni con el conjunto de reglas del juego social de una comunidad (1996: 35).

El sentido media simbólicamente en la relación entre el sí mismo y el Otro y esta mediación, es sentida, vivida por el sujeto, se desplaza según la posición que este ocupe en la estructura social.  Por ello la materialización del sentido es compleja, no es uniforme  ya que depende de la práctica y del estatus individual en la estructura.

En India la motocicleta reafirma el lazo social

Se concreta en “en enunciados particulares, al especificar las relaciones entre las diferentes partes de la vida social — (…) que aluden a las relaciones normales”  (1996: 36) admitidas culturales y que no se limitan únicamente a relaciones de parentesco. El sentido se define en dos tipos de relaciones: primero, la relación con diversas colectividades,  y segundo,  la relación individual simbólica e instituida con otros individuos pertenecientes o no a esas colectividades. El sentido se ordena  alrededor de estos dos ejes y la actividad ritual  conjuga esta doble polaridad (individual/colectivo, el sí mismo/el otro).

La actividad ritual establece, reproduce y renueva las identidades individuales y colectivas  y está afectada por el doble juego de la pareja identidad /alteridad, esto no significa que la identidad sea exclusivamente «social» y el de la alteridad esencialmente «personal», sino que la oposición y caracterización de ambas son relativas, dándole una definición mítica al sentido social (Idem). 

Una observación particular en su planteamiento sobre el funcionamiento del “sentido común” es que el conjunto de normas, practicas y relaciones sociales que  codifica esta lógica de significaciones no se transforman en conductas y practicas seguidas automáticamente por los individuos, sino que más bien fuguen como sugerencias de un repertorio de prácticas entre las cuales los individuos pueden escoger.  Aun así, las posibles prácticas y modos de relacionarse entre individuos están condicionados por el sentido común en el que están insertos.

Bibliografia

Augé, Marc (1996) El Sentido de los otros. Actualidad de la antropología.  Paidós: Buenos Aires.

Lozada, Mireya (2000)  Representaciones sociales: la construcción simbólica de la realidad. En Apuntes Filosóficos 17: 119-131. Caracas: Ediciones UCV.