“No es la economía, es la cultura, estúpido” Análisis del discurso economicista que oculta la dimensión cualitativa, es decir, cultural de la Globalización.

Publicado: 3 diciembre 2010 en Antropología del Desarrollo, Antropología Económica

Por  Hiram Carvallo

Octubre de 2010

Globalización es un concepto polisémico, es decir existen muchas definiciones – a menudo  contradictorias – respecto a qué conjunto de fenómenos simbólicos y sociales hace referencia a nivel macro (Rizter, 2005: 330). Dicha palabra sirve para describir y explicar cambios interrelacionados y contradictorios que están ocurriendo en el mundo desde al menos cinco siglos, pero cuya aceleración ha sido percibida con agudeza desde 1989. Se le agregan adjetivos, dando lugar a constructos como globalización económica, globalización tecno-económica, globalización cultural, globalización política, etc. en un intento de claridad conceptual, que al mismo tiempo ilustra la lógica categorial segmentaria de la racionalidad detrás de dichas definiciones.  Podríamos afirmar en un sentido más general y por tanto abstracto, que globalización

 “Es un nombre que se le da a la intensificación de las interacciones económicas, políticas, sociales, culturales y tecnológicas entre las naciones que conduce al establecimiento de estructuras transnacionales y a la integración de los procesos económicos, políticos y sociales a escala mundial” (Dreher, Gaston y Martens, 2008)

No obstante, en los discursos académicos y políticos – tanto de sus partidarios como oponentes –  y en las representaciones del imaginario social occidental, la globalización es caracterizada como un proceso esencialmente económico y tecnológico, resaltando así una de sus dimensiones y oscureciendo las demás. Globalización así entendida es la liberalización de la economía, específicamente en lo que se refiere a  la libertad de los flujos de los intercambios monetarios, de bienes y servicios, inversiones y capitales y de las informaciones financieras, gracias al debilitamiento del poder del Estado para imponer barreras arancelarias y el avance de las tecnologías de la comunicación, lo cual permitiría construir un mercado global en el cual los agentes podrían funcionar económicamente con la mayor “eficiencia”. Es decir, la construcción del sueño más anhelado de la utopía económica del liberalismo.

Pero conociendo que la Globalización es un proceso multidimensional (en el que toman parte procesos cualitativos, es decir de cambio cultural, así como de cambios sociohistóricos) que admite múltiples lecturas y teorizaciones. ¿Por qué ocurre esta conceptualización y cuál es la razón de su predominio discursivo?  Para comprender el porqué es necesario en primer lugar, ilustrar cómo funciona la epistemología moderna, es decir los procesos de conformación de conocimiento de dicha episteme (Foucault, 1989) y en segundo lugar, dar cuenta del cómo históricamente han adquirido hegemonía unas representaciones sociales sobre otras (Moscovici), es decir las luchas por el poder de construir e imponer significados por los diversos regímenes de representación que se han escindido y enfrentado de la común matriz del Iluminismo desde el siglo XVIII. 

La episteme moderna, como producto cognitivo del pensamiento “abstracto” (Lévi-Strauss; 1969) tiende a operar por el mecanismo de segmentación de los elementos de una realidad, que son insertados a priori o a posteriori en categorías construidas con la finalidad de ilustrar su funcionamiento. Este procedimiento que recibe la denominación de analítico, segmenta la continuidad de los entes para encontrar las relaciones de causación y/o dependencia entre los mismos. Esta forma de pensar fue inaugurada por las Revoluciones científicas europeas del siglo XVII en adelante y se traslado, en un momento en que filosofía y ciencia no eran disciplinas diferenciadas del saber, a la filosofía. En Filosofía esta lógica segmentaria fue inaugurada por Descartes y seguida por otros filósofos, como Montesquieu, Smith, Locke, Comte que al empezar a preguntarse sobre la Sociedad la conceptualizaron como una entidad segmentada en diferentes dominios: Economía, Política, Sociedad, Cultura. La separación cognitiva de la vida social en ámbitos, permitió el nacimiento de disciplinas del saber que se ocupasen de construir conocimiento en cada una de estas áreas.  Aún cuando las disciplinas nacieron por dicha división de tareas intelectuales, algunas se tomaron la atribución de hablar de la totalidad social en conjunto, inmiscuyéndose en el ámbito de otras. Así ocurrió duramente mucho tiempo con la Economía Política que mediante las obras de intelectuales como Smith o Ricardo devino en fuente hegemónica de reflexiones y teorías de lo social (aún cuando fuere desde el prisma económico) hasta el advenimiento de la Sociología y de la Antropología.

La Economía Política, por razonamiento circular y una metodología inadecuada (Kaplan, 1976), entonces, sobreestima la causalidad de la economía en el funcionamiento y evolución de las sociedades y la separa – autonomizándola – del conjunto de relaciones e instituciones de la totalidad social a la cual esta circunscrita y de la cultura que la genera, construye y re-construye cada día. Esta operación constituye la falacia del “economicismo”, reduccionismo que atribuye a lo económico la determinación de lo social (Godelier, 1976: 276), y lo delimita a una esfera material cuantitativa, reduciendo la sociedad a un sistema de interrelaciones entre sujetos que operan según elecciones racionales en búsqueda de su propio interés al modo de las mónadas de Leibniz[1].

Con el desarrollo de la Sociología y Antropología en el siglo XIX, un discurso de lo social de este tipo fue quedando relegado a ciertos constructos filosóficos e ideológicos que dieron lugar a la teoría política liberal. No obstante, esto no sería para siempre.  El discurso social (o asocial) del liberalismo economicista  regresa a la palestra con todas sus fuerzas cuando cae el Muro de Berlín y la URSS en 1989, cayendo también el “prestigio” de la teoría marxista (su oponente, aunque también cargada de economicismo en sus versiones vulgares de los manuales estalinistas) y adquiriendo entonces una inesperada relevancia y atención, que llevo a algunos de sus propagandistas como Fukuyama a declarar el Fin de la Historia y el nacimiento de un Nuevo Orden Mundial. Los liberales fueron los primeros en vislumbrar la serie de cambios políticos, económicos, sociales y culturales que advinieron con el fin de la bipolaridad de los bloques y caracterizar a este conjunto de cambios como “globalización” con el adjetivo de “económica.” Ganando por el sentido de oportunidad y la derrota discursiva de sus oponentes, la preeminencia discursiva, al punto que su conceptualización de la Globalización ya forma parte de la representación social en las sociedades occidentales y no occidentales.

Para concluir, la globalización es un fenómeno que involucra a la totalidad social, no solo el ámbito económico, no es un fenómeno de reciente data sino que tiene al menos cinco siglos de existencia (Dussel, 1992) y no es motorizado solo por cambios económicos, sino principalmente por cambios cualitativos, cambios en el orden paradigmático de las culturas, en primer momento, europeas y luego americanas, asiáticas y africanas, cambios que se suceden a cada momento, pero que por su lentitud, por su pertenencia a la “larga duración (Braudel), solo pueden ser percibidos en su entera naturaleza a varias generaciones de distancia del observador. De hecho, los cambios económicos que acompañan al fenómeno, son siempre cambios en la significación (es decir, cultura), importancia y funcionalidad que los individuos y grupos sociales otorgan a los objetos y a sus usos, cambios que ocurren de una manera orgánica que no corresponde a la falsa antropología de la teoría de la elección racional que el liberalismo clásico postula como explicación de las conductas económicas y de todas las formas de acción social.

Notas:

[1]  “Son individuales, están sujetas a sus propias leyes” (Leibniz, 1989: 34)

Bibliografía

Dreher, Axel, Gaston, Noel y Martens, Pim (2008) Measuring Globalisation: Gauging Its Consequences  New York:  Springer  Science + Business Media.

Dussel, Enrique (1992) 1492. El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la modernidad. Madrid: Nueva Utopia.

Foucault, Michel (1989) Las Palabras y las Cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. Bogotá: Siglo XXI editores.

Godelier, Maurice (1976) Antropología y Economía. Barcelona: Anagrama  

Kaplan, David (1976) “La controversia formalistas-substantivistas de la antropología económica: reflexiones sobre sus amplias implicaciones”. En Godelier, Maurice (1976) Antropología y Economía. Barcelona: Anagrama  

Leibniz, Gottfried (1981) Monadología. Oviedo: Clásicos El Basílico.   

Lévi-Strauss, Claude (1964) El Pensamiento Salvaje. México: Fondo de Cultura Económica.

Ritzer, George (2005) “Globalization” En Ritzer, George (2005) (Ed.) Encyclopedia of Social Theory. Vol. I. Londres: Sage Publications.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s